jueves, 25 de julio de 2013

¡AutoInterdicción!

Foto: Internet
Por: Dante Pinto Otazú

En Mollehuaca, anexo del distrito arequipeño de Huanu Huanu, ubicado en la provincia de Caravelí, empezó hace más de un mes un reordenamiento de su territorio, donde predomina la actividad minera informal. Los mineros comenzaron a destruir el 90% de sus quimbaletes –especie de molino de piedra artesanal que usa mercurio para recuperar oro- y reubicaron el 10% de estas máquinas en una zona industrial alejada del área urbana. Esta decisión representaría la voluntad de una comunidad minera de querer formalizarse, mejorar sus procesos de obtención de oro y cuidar su ambiente, en el marco de promover su desarrollo sostenible (equilibrio entre los aspectos social, económico y ambiental). 

Lo hecho por los mineros sería un proceso de “autointerdicción”. El término interdicción en minería surgió con la emisión del Decreto Legislativo 1100, publicado el 18 de febrero de 2012, referido a acciones de decomiso y/o destrucción de equipos y bienes utilizados para la minería ilegal (art. 7). Estas acciones, según ley, están a cargo de la Fiscalía de la Nación con el apoyo del Ministerio del Interior, a través de la Policía Nacional del Perú y el Ministerio de Defensa. 

Para que intervengan requieren la previa remisión de un informe del Gobierno Regional y Ministerio de Energía y Minas. Pese a este marco jurídico, los mineros a pequeña escala de Mollehuaca, no esperaron que la Fiscalía intervenga, puesto que asumieron la determinación libre de que los quimbaletes apostados en el lecho de río y en la zona urbana son altamente contaminantes por los relaves con mercurio que dejan, produciendo además un daño irreparable a la salud. 

La decisión tomada -según cuentan los dirigentes mineros Mauricio Aroni y Leo Huilca- no fue intempestiva. Ésta surgió de un consenso de voluntades de varios actores (población, dirigentes mineros, municipio distrital) e implica además un cambio de tecnología, que va del uso del mercurio a la gravimetría y/o centrifugación (procesos físicos que no requieren elementos químicos o limitan su uso); lo que además traerá un beneficio económico al procesar mayor cantidad de mineral, en menos tiempo y con un eficiente uso de agua. 

Francisco Gonzales, alcalde del distrito, narró en una entrevista a La República, que algunos mineros vieron con mucha tristeza cómo sus quimbaletes eran destruidos. “Me cortan mis manos”, cuenta que escuchó decir a muchos, pero que pese a ello, igual aceptaron la decisión. Y es que la denominada fiebre del oro puede desatar pasiones. Finalmente se impuso la salud y el cuidado del ambiente, puesto que la acumulación de riqueza no serviría para nada si quienes la persiguen no tienen salud ni respetan el ambiente para disfrutar su prosperidad. 

En medio de un proceso de formalización minera que ya no genera mayores expectativas, más que las paralizaciones que se anuncian por el vencimiento de plazos sin lograr objetivos, es importante saber que hay peruanos que se convierten en ejemplos que deben visualizarse para ser referentes. La actuación de estos mineros contribuye a tener fe en que las cosas pueden cambiar en nuestro país, últimamente castigado por la cuestionable actuación de la clase política.


Fuente: Diario La República

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